Hay días en que en consulta una pareja se sienta delante de mí, se miran un par de segundos, y al final ella suelta: «es que queríamos preguntarte por el punto ese, el P». Y siempre me hace la misma gracia ver cómo, en parejas que llevan diez años juntas y que en otros temas ya van superrelajadas, este tema en concreto les sigue dando una vergüencita rara.
Te lo voy a contar tal cual se lo cuento a ellas (sin adornos). Porque el punto P es una zona del cuerpo, igual que cualquier otra, y hablar de zonas del cuerpo entre mujeres adultas no debería seguir siendo un tema raro a estas alturas.
Empezamos por lo básico: ¿qué es exactamente el punto P?
El punto P es la próstata. Esto es, una glándula del tamaño de una nuez, suave, redondeada, que tienen todas las personas con pene. Su trabajo «oficial» es producir parte del líquido del semen. Hasta ahí, lo que sale en cualquier libro de anatomía.
Ahora bien, el motivo por el que estamos hablando de ella es otro: está rodeada de una cantidad enorme de terminaciones nerviosas. Tantas, que estimulada con calma puede dar uno de los placeres más bestias que un cuerpo masculino es capaz de sentir. Y cuando te digo bestia, lo digo en serio. La mayoría de hombres que la prueban y le pillan el truco me cuentan más o menos lo mismo: el orgasmo es más largo, viene de más adentro y no se parece a lo de siempre. Hay quien llora la primera vez. Y no de dolor, ojo. De pura intensidad.
El paralelismo con el punto G femenino no es casualidad. La próstata y el punto G comparten origen embrionario: en las primeras semanas de gestación los dos se forman a partir del mismo tejido, y luego cada uno se desarrolla en una dirección. Por eso responden de forma tan parecida a la estimulación.
¿Y dónde está, exactamente el punto P?
Esta es la parte que mucha gente se imagina mal. La próstata está dentro del cuerpo, no se ve desde fuera, y para acceder a ella manualmente hay que entrar por el ano (sí, es la única opción). Te lo digo así de claro porque dar rodeos no ayuda.
Está apoyada sobre la pared del recto, justo por debajo de la vejiga, a unos cinco o seis centímetros de la entrada. Y aquí va un detalle importante: la dirección no es hacia el fondo del recto. Es hacia delante, como si quisieras llegar al ombligo desde dentro.
Te lo explico igual que hago en consulta: imagínate a tu chico tumbado boca arriba, las rodillas un poco recogidas. Entras con un dedo bien lubricado, despacio, y cuando llevas un par de centímetros doblas la yema hacia arriba con ese gesto del «ven aquí». A la altura de su ombligo por dentro, vas a notar un tejido distinto al resto. Más firme, redondeado, con una pequeña hendidura en el medio. Ahí la tienes.
¿Qué se siente la primera vez? Spoiler: ganas de mear
Te aviso de una cosa importante, porque si no os pilla por sorpresa y os corta el rollo. Lo más probable es que la primera vez (o las dos o tres primeras) lo que sienta tu pareja no sea placer en el sentido clásico. Van a ser ganas de mear.
Dicho esto, te adelanto que es totalmente normal y tiene su explicación. La próstata está pegadita a la vejiga, así que cuando la presionas, los nervios cercanos se activan y mandan esa señal al cerebro. La solución es de manual: que vaya al baño antes de empezar y que sepa que esa sensación va a aparecer. Si no se asusta, en unos minutos cambia sola.
Lo que viene después es otra cosa. Un calor profundo, una especie de presión cálida que se va expandiendo desde dentro hacia fuera. Y si la sesión va por buen camino, llega un momento en el que su cuerpo cambia el chip y deja de leer la presión como algo raro para leerla como excitación. Ese cambio hay que dejarlo venir solo. No se persigue, va llegando si das tiempo y calma.
Lo que tenéis que tener listo antes de poneros
Soy muy pesada con esto en consulta, así que aquí también lo voy a ser. Hay tres cosas que necesitáis tener bien resueltas antes de empezar. Si fallan estas, mejor dejarlo para otro día.
- Higiene normal. Una ducha y una limpieza externa cuidadosa están perfectas para la primera vez. Sin obsesiones ni peras anales obligatorias.
- Uñas cortas y limadas. La mucosa del recto es finísima. Un mal corte ahí provoca fisuras que duelen muchísimo.
- Mucho lubricante. De base agua o silicona, los dos sirven. La zona anal no se autolubrica, así que si crees que has puesto suficiente, pon un poco más.
- Tiempo. No empecéis con quince minutos por delante. Esto necesita que nadie mire el reloj.
El error más común que veo es ese: lubricante escaso. Lo digo siempre, lo voy a decir siempre. Es la diferencia entre que esto funcione o no funcione. Si necesitas referencia, en lubricantes para juguetes tenéis opciones pensadas justo para esta zona.
La entrada y el primer contacto
Cuando tenéis las tres cosas resueltas, el resto es cuestión de no ir a saco. La postura más cómoda para empezar suele ser tumbado boca arriba con las rodillas recogidas hacia el pecho. Por dar una segunda opción, de lado también funciona. Cualquiera de las dos relaja la pelvis, que es lo que de verdad importa.
Lo primero nunca es meter el dedo de golpe. Lo primero es masaje externo: lubricante en abundancia y pequeños círculos con la yema sobre el ano, sin penetrar. Eso le manda al cuerpo la señal de que puede aflojar. El esfínter se relaja solo, lo vas a notar. Pasa de estar duro y cerrado a estar blando. Cuando notes ese cambio, entonces sí, entras con el dedo hasta el primer nudillo. Paras unos segundos. Y avanzas solo cuando él te diga que puedes.
A partir de ahí, todo depende del ritmo que su cuerpo vaya marcando. Por ejemplo, hay quien responde mejor a presión sostenida sobre la glándula, hay quien prefiere círculos, y hay quien flipa con el «ven aquí» repetido lento. No hay una técnica universal vaya, ya que cada cuerpo es el que te va a ir diciendo qué le funciona (si le escuchas).
Cuando los dedos se quedan cortos al estimular el punto P: los juguetes
Llega un momento en el que las manos no llegan o se cansan. Y ahí entran los masajeadores prostáticos, que para mí son uno de los mejores inventos del sector en los últimos años.
¿Por qué tan útiles? Porque están diseñados específicamente para esto. Tienen una curvatura calculada para quedarse apoyados sobre la próstata sin que tengas que estar moviéndolos manualmente. Algunos solo presionan, otros vibran con patrones distintos, y los más completos llevan un brazo externo que estimula el perineo a la vez, multiplicando la sensación.
Hay versiones para todo. Modelos finos y discretos para quien todavía no ha probado nada interno. Modelos más voluminosos con vibración intensa para usuarios con experiencia. Y los que se controlan por app desde el móvil, ideales si os apetece jugar con que tú lleves el control a distancia. Esto último es de las cosas que más me piden últimamente las parejas que llevan tiempo juntas y quieren meterle frescura al tema.
Si quieres echar un ojo a lo que recomiendo más, los vibradores específicos de Punto P son la categoría que te interesa mirar primero.
No transijo con dos cosas cuando me piden recomendación de juguete: silicona médica como material y base de seguridad ancha. Todo lo que entra por el ano necesita un tope que impida que se cuele del todo. Te ahorro las anécdotas de urgencias, pero existen y son mucho más frecuentes de lo que se cree.
El mito que más me cuesta tumbar
Sorprendentemente por más años que lleve dedicada a esto sigue siendo el mito que más trabajo me da: hay un montón de hombres que se cierran a esto porque creen que disfrutar de la próstata «dice algo» sobre su orientación sexual.
Si un hombre heterosexual disfruta de la estimulación prostática, «algo significa» sobre su orientación.
La próstata es una glándula con nervios. Responde a la presión con placer. Vamos, que eso no cambia con quién esa persona quiere acostarse. Cero relación.
Lo único que pasa es que tiene un cuerpo que responde a una estimulación concreta. Y ya. Que tu pareja se cierre a esto por miedo a que algo signifique algo es, te lo digo con todo el cariño, tan absurdo como cerrarse a un masaje en los pies por miedo a que le tachen de fetichista. Pero la cabeza pesa, esto lo veo todos los días. Si notas que se pone tenso solo con que saques el tema, no le presiones. La presión es lo peor que puedes meter en esta conversación.
Lo que sí funciona, y te lo digo desde la práctica, es empezar por fuera. Estimulación del perineo (esa zona blandita entre los testículos y el ano, también supersensible), masajes suaves por la zona, juego que se vaya acercando poco a poco. Cuando él vea que su cuerpo responde y que no se cae el mundo, ya iréis avanzando. La cabeza se relaja sola cuando el cuerpo va por delante.
¿Y la salud? Porque sí, también va por ahí
Una cosa que casi nadie cuenta y que me gusta destacar: la estimulación prostática regular tiene efectos buenos sobre la salud de la propia glándula. No es marketing, hay literatura urológica que lo respalda.
Lo principal es que ayuda al drenaje del líquido prostático, lo que reduce el riesgo de congestiones e inflamaciones. Y hay correlaciones documentadas con menor incidencia de prostatitis no bacteriana, que es una de las afecciones más fastidiosas que le pueden pasar a un hombre adulto y muchísimo más común de lo que se cree.
Eso sí, nada de esto sustituye la revisión médica con urólogo. A partir de los cuarenta y cinco o cincuenta, hay que pasar por consulta una vez al año, disfrute uno del punto P o no. Lo bueno es que las dos cosas se complementan: conocer el propio cuerpo o el de tu pareja ayuda a detectar antes cualquier cambio que merezca atención médica.
¡Ah!, y una última cosa antes de cerrar
No te plantees esto como una técnica que tengáis que dominar ni como un examen sexual nuevo. Es una zona del cuerpo que existe, que da placer, y que durante demasiado tiempo se quedó fuera de la conversación de pareja por miedos que no tienen fundamento real.
Si lo probáis y os encanta, perfecto. Si lo probáis y no es lo vuestro, también. Lo único que para mí no vale es que se quede sin probar por una vergüenza que ni siquiera es vuestra, sino heredada de no se sabe muy bien dónde. Si quieres seguir explorando, en juguetes anales para hombre está todo lo que recomiendo en consulta para empezar bien.

