Olor vaginal: qué es normal, qué no y cuándo mirarlo

olor vaginal
Sexóloga de Non Tabú
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Te cuento en unos minutos lo más importante sobre el olor vaginal: qué es normal, qué no y cuándo conviene mirarlo.

Hay una búsqueda que mucha gente hace en Google, pero que no le hace a nadie más: «flujo con olor a pescado sin picor». Y hay otra que a mí me parece de las más tristes que existen: «abro las piernas y huele mal». Generalmente, las dos las escribe una mujer sola, de noche, con el móvil a diez centímetros de la cara y sin ninguna intención de contárselo ni a su mejor amiga!

Si has llegado hasta aquí probablemente vengas de ese sitio. Así que te lo cuento en el orden en que a mí me gustaría que me lo contaran. Primero a qué huele una vagina que está perfectamente, luego lo que estás haciendo por miedo a oler y te está saliendo al revés de como querrías, y después las señales que sí merecen una cita con un especialista. Sin asustarte y sin decirte que te compres nada raro.

A qué huele una vagina sana

Quiero empezar por lo que casi ningún artículo dice: la vagina huele. Siempre. Una vagina sana, limpia y absolutamente normal tiene olor propio. Lo raro sería que no lo tuviera vaya.

De hecho, el olor de base es ligeramente ácido. Hay quien lo describe como a yogur, hay quien dice avinagrado, hay quien no sabe cómo llamarlo y se limita a decir «pues a eso». Viene de los lactobacilos, unas bacterias buenas que viven ahí dentro y que fabrican ácido láctico para mantener el pH bajo (por si te interesa, en torno a 3,8-4,5). Ese ambiente ácido es justo lo que impide que crezcan bichos que no pintan nada. O sea que ese olorcillo no es suciedad, más bien la prueba de que el sistema está funcionando.

Y encima cambia. Todo el mes. Estas variaciones las veo explicadas en muy pocos sitios y son las que quitan el susto:

  • Durante la regla: más metálico, a hierro. A ver, es lógico, porque la sangre lleva hierro. Los últimos días, cuando el flujo es más escaso y oscuro, el olor se vuelve más denso.
  • A mitad del ciclo, en la ovulación: más presente, más «a ti». Aquí el flujo se vuelve transparente y elástico, tipo clara de huevo, y muchas mujeres notan justo esos días que huelen más.
  • Después del gimnasio: lo que hueles ahí es sudor de la ingle mezclado con el olor propio. Las glándulas de esa zona son las mismas que las de las axilas, con lo cual el resultado se parece bastante… pero tranquila que se va con una ducha y ropa interior limpia.
  • Al día siguiente de acostarte con alguien: el semen cambia el pH y durante un día o dos el olor es distinto, a veces con un punto amoniacal.
  • Al final del día: diez horas sentada, vaqueros ajustados y poca ventilación concentran cualquier olor. No ha pasado nada, ha pasado la jornada.
  • Después de la menopausia: baja el estrógeno, bajan los lactobacilos, sube el pH y el olor cambia de carácter. Suele ser más suave y menos ácido, y a algunas mujeres les desconcierta porque ya no reconocen el suyo.

Y aquí aprovecho para hacerte un apunte que resuelve más casos de los que parece: a veces lo que hueles no viene de la vagina, sino de la ropa interior. Restos mínimos de orina en la braga huelen a amoniaco al cabo de unas horas, sobre todo si el tejido es sintético. Y la verdad es que hay mucha mujer convencida de que tiene «algo», cuando lo que tiene es una braga de poliéster desde las ocho de la mañana.

¿Sabías que?

El semen tiene un pH alcalino, alrededor de 7,5. La vagina lo tiene ácido, entre 3,8 y 4,5. Cuando entran en contacto, el pH vaginal sube durante unas horas y el olor se vuelve más marcado. Por eso mucha gente nota algo raro justo la mañana siguiente y piensa que se ha contagiado de algo.

Ese mismo mecanismo, sin embargo, explica otra cosa: si además hay una vaginosis bacteriana de fondo, el olor a pescado aparece o se dispara precisamente después del sexo y después de la regla, que es cuando el pH está más alto.

No hay un olor vaginal correcto al que haya que llegar. Hay un olor tuyo, y lo que importa no es cómo sea, sino si cambia de golpe.

Lo que haces para oler mejor y hace justo lo contrario

Aquí es donde se pierde más gente, no por dejadez sino precisamente por exceso de cuidado. La industria lleva décadas vendiendo la idea de que ahí abajo hay que corregir algo, y el resultado es un montón de mujeres frotándose con productos que destruyen exactamente lo que las protegía.

La lista de cosas que empeoran el olor vaginal, por orden de daño:

  • Las duchas vaginales. Meter agua o cualquier solución dentro arrastra los lactobacilos y deja el terreno libre. Es la vía rápida a la vaginosis, que es justo la que huele a pescado. Si un día tienes que hacerlo será porque te lo ha mandado un ginecólogo, y punto muerto.
  • Jabón dentro. La vagina se limpia sola. Se lava la vulva, o sea la parte de fuera, con agua y como mucho un jabón suave sin perfume. Dentro no entra nada.
  • Geles íntimos perfumados, desodorantes y toallitas. Tapan un olor durante dos horas, pero alteran la flora durante días. El perfume además es de lo que más irrita esa mucosa.
  • Salvaslip a diario. Humedad constante, cero transpiración y roce. Si lo usas porque el flujo te mancha, es más sano cambiarte de braga.
  • Ropa muy ajustada y sintética, o quedarte con la ropa de deporte sudada puesta después de entrenar. El algodón no es una manía de abuela, transpira de verdad.
  • Depilación completa mantenida a lo bruto. El vello tiene su función y la piel sin él roza más y se irrita más. No hace falta dejarlo todo, pero si te depilas del todo y encima te lavas de más, la zona lo acusa.
Lo que se cree

Si huelo, es que no me lavo bien. La solución es lavarme más veces, con más producto y por dentro.

Lo que pasa de verdad

Lavarse por dentro elimina las bacterias que mantienen el pH ácido. Al subir el pH crecen otras que sí producen olor fuerte. Cuanto más te lavas por dentro, más probable es que acabes oliendo peor.

La rutina completa: agua templada por fuera, una o dos veces al día, secar bien, ropa interior de algodón y cambio diario. Nada más. Es aburridísimo y funciona.

Cuándo sí toca mirar el olor vaginal

Dicho todo lo anterior, hay olores que sí están hablando de algo, y estos conviene que los reconozcas para no pasarte seis meses probando geles.

Ojo con esto

Pide cita si aparece alguna de estas situaciones:

  • Olor a pescado que aparece de forma clara, sobre todo después de la regla o del sexo, con flujo gris o blanquecino y muy líquido, y muchas veces sin picor ninguno. Es el cuadro típico de la vaginosis bacteriana y necesita antibiótico recetado.
  • Flujo amarillento o verdoso, a veces espumoso, con escozor al orinar o molestia en las relaciones. Puede ser tricomoniasis, que se transmite sexualmente y se trata también a la pareja.
  • Olor muy fuerte y francamente desagradable, distinto a todo lo anterior. Lo primero que descarto siempre es un tampón olvidado o un resto de preservativo. Pasa mucho más de lo que la gente cree y se resuelve en cinco minutos.
  • Cualquier olor raro acompañado de fiebre, dolor en la parte baja del vientre o sangrado fuera de la regla. Eso no se consulta en internet.

Y casi para terminar, una aclaración que evita muchas compras inútiles: los óvulos antifúngicos de farmacia, los de toda la vida, están hechos para la candidiasis. La candidiasis pica muchísimo, da un flujo blanco y espeso tipo requesón y apenas huele. Si tu problema principal es el olor vaginal, lo más probable es que la cándida no tenga nada que ver y ese óvulo no te haga nada (salvo retrasar el tratamiento que sí necesitas). Picor intenso sin olor y olor claro sin picor son dos cosas distintas y se tratan distinto, ¿vale?.

La parte del olor vaginal que ninguna mujer pregunta en voz alta

Esto es lo que llega en voz bajita, casi siempre al final de la sesión y mirando a otro lado.

«Creo que huelo y nadie me lo dice.» Tú te hueles a ti todo el día. Te lo hueles en la mano, en la braga, al cruzar las piernas, con la nariz a treinta centímetros de la fuente y con toda tu atención puesta ahí. La otra persona no está en esa posición ni tiene esa vigilancia activada. Que tú lo notes muchísimo no significa que se note fuera de ti.

«Evito el sexo oral por si acaso.» Me lo cuentan constantemente, y casi siempre en mujeres cuya revisión ginecológica está impecable. Se saltan una parte entera de su vida sexual por una sospecha que nadie ha confirmado nunca. Si es tu caso, merece la pena una revisión rápida: no tanto por descartar una infección como por quitarte esa idea de encima con alguien que te lo pueda decir con criterio.

«Me lavo justo antes por si acaso.» Ducharse antes está bien. Frotarse con gel perfumado quince minutos antes deja un sabor a jabón que sí es desagradable, y encima irrita la zona justo cuando más va a rozar. Agua y ya.

Y algo que casi nunca se menciona en estos artículos que hablan de olor vaginal (que no son pocos): los juguetes también cuentan. Un juguete mal lavado o guardado en un cajón sin funda arrastra bacterias, y un material poroso barato las retiene aunque lo enjuagues. Merece la pena que lo que uses por dentro sea de silicona médica, del tipo de los vibradores vaginales que se lavan con agua y jabón neutro y se secan bien antes de guardarlos. Con el lubricante pasa parecido: los que llevan glicerina, perfumes o sabores pueden alterar la flora en mujeres propensas, así que si eres de las que se lleva una vaginosis cada dos por tres, mira la etiqueta y quédate con un lubricante para juguetes sexuales neutro a base de agua.

Consejo de sexóloga
«Cuando alguien me dice que se lava tres veces al día porque cree que huele, no le mando ningún producto: le mando quitar. Fuera gel íntimo, fuera salvaslip, fuera toallitas. Solo agua por fuera durante un mes. Un porcentaje altísimo de esas mujeres vuelve diciendo que el olor que las traía de cabeza se ha ido solo. No les faltaba nada. Les sobraba.»
Sexóloga de non tabú

Por dónde empezar esta semana

Si estás en el punto de no saber si lo tuyo es normal, haz esta prueba antes que ninguna otra cosa. Durante un mes: nada de jabón dentro, nada de gel perfumado, nada de salvaslip diario, algodón y cambio de braga a diario. Solo eso, ¿vale?. Y de paso fíjate en cuándo huele más, si es en la ovulación, si es después de la regla, o si es después del sexo. Esa información vale oro como se suele decir, tanto para ti como para el ginecólogo (si acabas yendo).

Si al mes siguiente el olor vaginal sigue igual de fuerte, o si aparece ese olor a pescado con flujo gris, entonces la respuesta no está en la farmacia ni en Google. Mi recomendación es que acudas a una consulta, pero lo que no tiene ningún sentido es lo que hace muchísima gente, que es alternar productos durante dos años sin decírselo a nadie.

Y la próxima vez que te preguntes si hueles raro, prueba a cambiar la pregunta. En vez de «¿huelo mal?», que es una pregunta sin una respuesta posible como acabamos de ver, pregúntate «¿esto ha cambiado?». Es la única pregunta que de verdad te dice algo.

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