El perineo: qué es, dónde está y por qué deberías prestarle atención

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Sexóloga de Non Tabú
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Te resumo en unos minutos qué es el perineo, dónde está y por qué es una de las zonas que más se ignoran del cuerpo.

Casi todo el mundo lo ha tenido delante mil veces y no sabría ponerle nombre. Hablo de esa franja de piel que hay entre los genitales y el ano tiene uno de los músculos que más trabaja de todo tu cuerpo, (aunque lo haga en silencio). Te sostiene por dentro, te aguanta el pipí cuando toca y tiene bastante que ver con lo que sientes en la cama. Vamos a verlo bien, porque merece más atención de la que le damos.

Empecemos por el principio. El perineo es la zona que cierra la pelvis por abajo. No es solo piel, pues debajo hay un entramado de músculos y tejido que forma como el suelo de todo lo que llevas dentro de la pelvis. Por eso también lo oirás llamar suelo pélvico, aunque no son lo mismo del todo (el perineo es la parte más externa y central de ese suelo).

Para ubicarlo sin manual de anatomía: en la mujer es la zona entre la vulva y el ano. En el hombre, la que va entre el escroto y el ano. Ahí, justo en medio, hay un nudo de tejido donde se anclan varios músculos a la vez. Ese punto es más importante de lo que parece, y ahora veremos por qué.

Lo que se suele creer

Que el perineo es «cosa de hombres», porque casi siempre se nombra hablando de próstata o de masaje perineal masculino.

Lo que pasa de verdad

Lo tenemos todas las personas. En la mujer es protagonista total en el parto, en el control de la orina y en el orgasmo. Ignorarlo sale caro precisamente en el cuerpo femenino.

Para qué sirve, más allá de «estar ahí»

El perineo hace tres trabajos a la vez, y los tres los notas en el día a día aunque no lo relaciones con él.

El primero es aguantar. Sostiene la vejiga, el útero o el recto en su sitio, contra la gravedad, todo el día. Cuando ese suelo se afloja (tras un parto, con los años, con la menopausia), es cuando empiezan las molestias de «noto que algo baja» o las pérdidas de orina al toser o reír.

El segundo es el control. El perineo forma parte del mecanismo que te permite aguantarte el pipí y las ganas de ir al baño. A ver, no es casualidad que cuando el suelo pélvico está débil aparezcan los escapes, y que cuando lo entrenas, mejoren.

Y el tercero, el que casi ningún artículo de anatomía te cuenta es el placer. Ese suelo de músculo es justo el que se contrae rítmicamente durante el orgasmo. Un perineo con tono responde mejor, y una zona que muchas personas ni saben que es sensible resulta que lo es bastante.

Ojo con esto

Cuando alguien intenta hacer ejercicios de Kegel y «no le funcionan», la mayoría de las veces no es que no sirvan, sino que están apretando los glúteos o el abdomen en lugar del perineo. Localizar bien la zona es la mitad del trabajo. Si aprietas y se te tensa la tripa o el culo, no lo estás haciendo con el músculo correcto.

El perineo y el placer (la parte que Google esconde)

Dos de las preguntas que más se repiten alrededor de esta palabra son «¿qué pasa si me masajeo el perineo?» y «¿cómo se estimula?». Y tiene todo el sentido, porque es una zona erógena con nombre técnico, y es cierto que el nombre técnico despista.

En los hombres hay un motivo anatómico muy concreto. El perineo es el punto de acceso externo a la próstata. Si presionas con suavidad ahí, a medio camino entre el escroto y el ano, estás estimulando la próstata desde fuera, sin penetración de por medio. De ahí que el masaje perineal masculino tenga tantos fans. Para quien quiere explorar esa sensación sin ir más allá, es la puerta de entrada más sencilla… Ahora bien, si luego apetece dar un paso más, la vía directa son los estimuladores de próstata, pensados justo para esa zona.

En las mujeres la historia es distinta pero también hay recompensa amiga. Presionar o acariciar el perineo durante la excitación gusta a bastante gente, y hay quien nota que suma en el orgasmo por el simple hecho de que ahí está el músculo que se contrae. No es una zona mágica ni obligatoria. Es una más del mapa, y como todo el mapa, se conoce probando sin prisa.

Consejo de sexóloga
«Al masaje perineal, sobre todo en hombres, la gente llega con la idea de ‘a ver qué pasa’ y mucha impaciencia. Y así rara vez pasa algo. Es una zona que necesita presión suave, lubricante y cero reloj. Si vas buscando un resultado en dos minutos, lo más probable es que solo te tenses. Trátalo como exploración, no como si fuera un examen.»
Sexóloga de non tabú

Cómo cuidar el perineo (y por qué te conviene aunque el sexo no sea el tema)

Aquí es donde el perineo deja de ser curiosidad anatómica y se vuelve algo práctico para tu vida. Un suelo pélvico en forma previene pérdidas de orina, ayuda en la recuperación después del parto y, de propina, mejora las sensaciones. Y en los hombres, un perineo entrenado echa una mano con el control de la eyaculación y con la firmeza de la erección. O sea, que entrenarlo no es un capricho.

El primer paso siempre es el mismo: aprender a localizarlo y a activarlo de forma aislada. Sin eso, cualquier ejercicio se hace mal.

Localiza tu perineo en 30 segundos
  • Corta el pipí a mitad. El músculo que usas para frenar el chorro es, más o menos, el que buscas. Sirve para identificarlo una vez, no para hacerlo a diario (cortar la orina como rutina no es buena idea).
  • Aprieta como si aguantaras un gas en público. Esa sensación de «cerrar por dentro» hacia arriba es la contracción correcta.
  • Comprueba que el resto está quieto. Ni tripa dura, ni glúteos, ni piernas. Si algo más se mueve, afloja y prueba otra vez más suave.
  • Respira mientras aprietas. Si aguantas la respiración, lo estás haciendo con demasiada tensión.

Una vez tienes localizado el perineo, el entrenamiento va de contraer y soltar con cierta constancia, poco rato pero a menudo. Para quien quiere ir un paso más allá y darle algo de resistencia al músculo, las bolas chinas para el suelo pélvico son el clásico que mejor funciona, porque el propio cuerpo trabaja para sostenerlas y así entrenas casi sin darte cuenta.

Mención aparte para el embarazo: el masaje perineal en las últimas semanas de gestación es una de esas cosas que sí tienen respaldo. Hacerlo con calma ayuda a que la zona gane elasticidad y además reduce el riesgo de desgarros y de episiotomía en el parto. Si estás embarazada, esa conversación merece tenerla con tu matrona.

Cuando el perineo duele o molesta

Muchas de las que estaréis leyéndome habréis llegado a esta palabra no por curiosidad, sino porque le duele algo ahí. Y conviene decirlo sin alarmismo: el perineo puede molestar por cosas muy cotidianas. Muchas horas de bici aprietan justo esa zona. Después de un parto queda sensible una temporada. En los hombres, una próstata inflamada (prostatitis) da molestias en la zona. Y a veces el problema es el contrario de lo que uno cree. No es debilidad, es que el suelo pélvico está demasiado tenso y no sabe soltar.

Nada de esto suele ser grave, y casi todo tiene solución. Pero si el dolor te dura, se repite o te cambia la vida diaria, esa consulta toca hacerla con un médico o, mejor aún, con un fisioterapeuta de suelo pélvico, que es quien de verdad sabe leer esta zona. No con foros a medianoche.

Al final, lo llamativo del perineo es lo poco que se habla de una parte del cuerpo que trabaja tanto. Ahora que sabes dónde está y para qué sirve, la pregunta interesante ya no es «¿qué es?», sino otra: ¿le habías prestado alguna vez la atención que se merece?

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